René Chapman
Luego de ordenar estratégicamente la cocina, terminamos yendo por un trago.
—Asegúrate de abrigarte bien, hace mucho frío aquí afuera.
—Gracias, estoy bien —masculló muy quedito.
—¿Qué es eso que te ha tenido tan pensativa antes? —abordé, apenas noté que se había relajado lo suficiente como para bajar la guardia.
—¿Me embriagas para interrogarme, Sr. Chapman? —enarcó una ceja, recargando el total de su peso en la silla reclinable.
Estábamos sentados en la pequeña terraza, admirando