Alguien da dos golpecitos en el umbral de la puerta y me obliga a detener el trazo con el lápiz y a alzar los ojos de la tableta.
Ross está en la entrada, sostenido al picaporte de la puerta, observándome con una pequeña y triste sonrisa.
Contengo un suspiro pesado y sigo con lo mío.
Dentro de media hora he de hablar con Marco sobre los avances que le envíe y quiero terminar la siguiente ilustración antes de esa reunión.
Oigo los pasos de mi amigo adentrarse en mi estudio y quedar frente a