—Llegas tarde — recrimina, Airi.
Finjo sonreír, mientras me detengo a su lado, a mitad del pasillo del hospital.
Estar aquí es deprimente, tanto o más que saber el motivo por el que me insistió a asistir esta tarde. Su llamada me sorprendió, pero no su motivo tras hablarme y fingir ser amable a pesar de lo masticada que se oían sus palabras.
—Buenas tardes a ti también, Airi — digo tan alegre que la fastidio. Tuerce los labios —. ¿Por qué me esperas aquí?
—No me dejan entrar a verlo, porq