Ladeo el rostro para observar a Collin, que me ofrece una sonrisa irreverente, con su cuerpo inclinado sobre mí.
Ni siquiera finjo estar sorprendida, a pesar de mis mejillas encendidas debido al bochorno.
—¿Cómo estás, ángel? — murmura.
El caradura de mi marido, se yergue y en un movimiento fluido y rápido, se deja caer a mi lado, en el pequeño espacio que queda. Reposa sus bastones en el lateral de la mesada y yo me hago aún lado para que su gran cuerpo no este rozándome. Él, de todas forma