90. Tan sonriente
GIO
Dormir con Martha se volvió algo necesario para mí, en solo dos días necesitaba su calor cerca para mantener mis pesadillas a raya. Pensé al principio que pude dormir bien por el cansancio, pero al día siguiente en la cabaña cuando pudimos dormir un rato más volvió a suceder, mi mente quedaba en blanco, mi cuerpo se relajaba y conciliaba el sueño más rápido. Poco a poco comenzaba a depender más y más de Martha y no me parecía un trato justo, no sabía que sentía ella por mí, así que no veía