58. La bestia
Martha
—¿No están? —le pregunté sin que me importará el ardor en mi mejilla, algo me decía que era verdad, no estaban. Simplemente no podía procesarlo— no están, Priscila ¿qué voy hacer? ¿qué voy hacer? ¿A dónde la llamo para saber de mi hijo?
— Cálmate, no dejaste terminar a Carlos —habla Priscila .me ayudaron a levantarme y sentarme de nuevo en la silla que al parecer había tirado al suelo.
—El jefe me dijo que ya los tenía ubicados y que te quedarás tranquila no vas a estar sin saber de ti h