Max no había dormido nada. Llevaba treinta horas despierto pero cada vez que cerraba los ojos veía la cara de Anabela cuando le dijo que se fuera, esa expresión de odio mezclado con dolor que se había quedado grabada en su retina. Eleanor estaba sentada junto a él en primera clase también despierta, mirando por la ventana con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.
—¿Crees que lleguemos a tiempo? —preguntó ella con voz quebrada que apenas se escuchaba sobre el ruido del