El teléfono de Max sonó en la oscuridad con ese tono estridente que nunca trae buenas noticias. Se incorporó inmediatamente con el corazón ya acelerado antes de ver el nombre en la pantalla.
Charlotte.
Su hermana nunca llamaba y menos a esta hora de la madrugada.
—¿Charlotte?
El sonido que escuchó del otro lado le heló la sangre: sollozos descontrolados, su hermana siempre tan compuesta, tan controlada, llorando sin poder hablar coherentemente.