Max entró a la habitación después de asegurarse de que Eleanor tenía todo lo que necesitaba abajo. Anabela estaba sentada en la mecedora alimentando a Emma mientras la luz tenue de la lámpara hacía sombras en su rostro que la hacían ver aún más exhausta.
—Las bebés finalmente están tranquilas —dijo acercándose con cuidado—. ¿Quiero que te traiga algo de comer?
—No tengo hambre.
—Bella, no has comido nada desde el desayuno.
—Estoy bien —respondió sin le