CAPÍTULO 31 — Eres perfecta.

Max la miró desde arriba. Anabela estaba recostada en la cama, su cabello rubio esparcido sobre las almohadas blancas. Sus mejillas sonrojadas. Sus labios hinchados por sus besos. Su pecho subiendo y bajando con respiraciones agitadas.

—Eres perfecta —susurró.

Anabela extendió las manos hacia él. Max se inclinó. La besó lentamente, profundamente, saboreándola.

Sus manos recorrieron su cuerpo con reverencia. Cada curva. Cada línea. Memorizando la forma en que su piel se estremecía bajo su toque.
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