La luz del sol entraba por las cortinas abiertas del hotel. Anabela despertó lentamente, sintiendo el calor del cuerpo de Max junto al suyo.
Abrió los ojos. Él ya estaba despierto, observándola con una sonrisa suave.
—Buenos días —dijo con voz ronca de sueño.
—Buenos días —respondió ella—. ¿Cuánto tiempo llevas despierto?
—No mucho. Solo... observándote dormir.
Anabela se sonrojó.
—Eso suena un poco perturbador.
Max rio. La acercó más hacia él.
—Tal vez. Pero es difícil no mirarte cuando estás