CAPÍTULO 28 – Una semana después

Anabela soñaba.

En el sueño, estaba de vuelta en ese cuarto privado. Luces tenues. Música baja pulsando en el fondo. Y él estaba ahí.

El hombre de ojos oscuros e intensos que no podía recordar pero que tampoco podía olvidar.

Max.

Se movía frente a ella con una gracia felina. Camisa abierta revelando músculos definidos. Cada movimiento deliberado. Seductor. Sus ojos nunca dejaban los de ella.

"Te conozco. Sé que te conozco."

Pero no sabía cómo. Ni por qué.

La escena cambió.

Ahora estaba en un pa
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