El día siguiente comenzó más tenso que de costumbre.
Ziara llegó temprano, más temprano que nadie. No porque quisiera impresionar a Yaniel, sino porque necesitaba ese espacio silencioso antes de que todos aparecieran con sus susurros, burlas o miradas inquisitivas. El ascensor subió lentamente, cada número iluminándose como si contara los segundos que le quedaban de tranquilidad.
Al llegar a su escritorio, dejó el bolso y exhaló profundamente. La calma duró exactamente lo que tardó Yaniel en at