Capítulo 46.

En la villa de Pacheco.

Aitana se mantiene observando cada una de las pequeñas luces que brincan contra los enormes cristales dándole una bienvenida, agridulce.

Aunque la mano de León era una referencia de equilibrio.

El rose de su mano era una especie de corriente eléctrica que recorre cada parte de su ser, despertándola.

— Yo… Te agradezco.— El susurro de Aitana ante la inmensidad envolvente de ese hombre, era un contraste inesperado.

— No tienes nada que agradecer, ve a tu habitación descansa y recupérate ya estás en casa.— La voz de León era como una caricia en sí misma.

Aitana asiente y se va a su habitación.

En cuanto la puerta hace clic ella deja salir todo lo que lleva dentro de ella misma.

— Su compañía es reconfortante, y su atención hace que mi corazón se acelere.

Ella jadea nerviosa.

— ¿Me estoy enamorando? — Solo susurrarlo en voz alta la ponía nerviosa.— ¿ y si me estoy confundiendo? ¿Si todo esto no es más que una oportunidad para mostrar cuanto poder posee pero no tie
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