Capítulo 45.
La vista de Aitana es borrosa.
El zumbido en sus oídos la mantenía envuelta en la desesperación de impotencia del abuso.
— ¡Yo… Yo lo hice! ¡Yo lo…!— Grita recordando la sensación del filo deshaciendo la piel de Santiago.
En ese momento León se pierde en la desesperación de la mujer que había regresado a la conciencia.
Pacheco se acerca a ella teniendo cuidado de darle su espacio para poder regresarla al presente.
— No…No lo asesinaste.— La declaración era una suplica en lugar de un hecho.
León coloca sus manos alrededor de los brazos de ella revisando su movimiento.
La toma no para controlarla sino para guiarla hacia él.
La mirada de ella estaba perdida.
“No puedo perderla, necesito regresarla a mí” Piensa desesperado.
— Aitana respira, escucha… acompáñame… sígueme
En ese momento León comienza a concentrar su mirada en los ojos de Aitana y comenzar a respirar de forma sonora, tratando de llamar su atención.
— Vamos acompáñame… Inhala… Exhala…— El corazón de Pacheco parece querer exp