Capítulo 45.
La vista de Aitana es borrosa.
El zumbido en sus oídos la mantenía envuelta en la desesperación de impotencia del abuso.
— ¡Yo… Yo lo hice! ¡Yo lo…!— Grita recordando la sensación del filo deshaciendo la piel de Santiago.
En ese momento León se pierde en la desesperación de la mujer que había regresado a la conciencia.
Pacheco se acerca a ella teniendo cuidado de darle su espacio para poder regresarla al presente.
— No…No lo asesinaste.— La declaración era una suplica en lugar de un hecho.
León