Capítulo 34.
Aitana se sentía acompañada solo por las estrellas en el cielo oscuro e infinito.

La brisa estaba bastante helada.

Sin embargo, había caminado demasiado tiempo.

El tiempo parecía diluirse entre sus manos.

— Mis piernas duelen. Tengo hambre. Necesito un baño caliente… Y pensar qué debo hacer con esto— susurra desesperada al mismo tiempo que aprieta el sobre que parece quemar en su mano, pero en cuanto llega al recibidor, el espacio se llena con una especie de presencia inexplicable.

— ¿Qué significa esta hora de llegar?— cuestiona León, escondido entre la sombra sentado en un sillón con una pierna cruzada, observándola con los brazos extendidos a los lados y una mirada asesina.

Aitana brinca, sorprendida, al ver la actitud de León.

Sin embargo, lejos de apenarse por tenerlo despierto hasta las altas horas de la madrugada.

“Este maldito cabrón” piensa Aitana y se enfurece agotada de sentirse solo un juguete de entretenimiento de cuanto hombre se atravesaba.

— No tengo que darle explica
Alana Aguilar

>﹏<

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