Capítulo 34.
Aitana se sentía acompañada solo por las estrellas en el cielo oscuro e infinito.
La brisa estaba bastante helada.
Sin embargo, había caminado demasiado tiempo.
El tiempo parecía diluirse entre sus manos.
— Mis piernas duelen. Tengo hambre. Necesito un baño caliente… Y pensar qué debo hacer con esto— susurra desesperada al mismo tiempo que aprieta el sobre que parece quemar en su mano, pero en cuanto llega al recibidor, el espacio se llena con una especie de presencia inexplicable.
— ¿Qué signi