Capítulo 33.
Aitana suspira, observando que el camino en el que van no tiene nada que ver con el destino que ella pensaba que tendría.
El auto la había abordado justo después de estar fuera de la vista de la mansión de Pacheco.
Fuera de la ciudad se encontraba una pequeña casa envuelta en la densidad del bosque.
— Señorita, hemos llegado— dice el serio y enigmático chófer.
— Bien— susurra Aitana al mismo tiempo que suspira para bajar del auto y enfrentarse a él.
Sin embargo, justo cuando va a colocar su