Capítulo 33.
Aitana suspira, observando que el camino en el que van no tiene nada que ver con el destino que ella pensaba que tendría.
El auto la había abordado justo después de estar fuera de la vista de la mansión de Pacheco.
Fuera de la ciudad se encontraba una pequeña casa envuelta en la densidad del bosque.
— Señorita, hemos llegado— dice el serio y enigmático chófer.
— Bien— susurra Aitana al mismo tiempo que suspira para bajar del auto y enfrentarse a él.
Sin embargo, justo cuando va a colocar su mano sobre la manija, la puerta se abre y Santiago se presenta frente a ella.
— Ha llegado el momento de enfrentar la verdad, pequeña— declara él al mismo tiempo que extiende su mano para ayudarla a bajar.
La delicadeza de su voz, la calidez de sus ojos y la ternura en su mirada eran los detalles que me mantuvieron engañada durante demasiado tiempo” piensa Aitana al mismo tiempo que ella sola se levanta del asiento sin aceptar la ayuda de él.
En ese momento, Santiago se muestra sorprendido.
— ¿P