Capítulo 35.
En el departamento de Damián, en su oficina personal, él observa cada uno de los documentos que llenan su enorme mesa de madera.
En eso recibe un mensaje.
— Lo tenemos— Damián sonríe.
Toma otro celular recién sacado de uno de los cajones de su escritorio y marca un número de teléfono que sabe de memoria.
Solamente es cuestión de que suene una vez para que respire del otro lado.
— León, tenemos todo para arrojarlo.
— Perfecto. Lanza la bola.— Declara Pacheco del otro lado de la línea sonriendo