[PUNTO DE VISTA DE AURORA]
—¡Ariana! —resonó la voz del locutor.
Se me encogió el corazón al ver a su oponente. Era un gigante, tres veces más grande que ella, con brazos tan gruesos como mi cintura. Parecía capaz de aplastarla con una sola mano.
—Deséame suerte y verás cómo le doy su merecido —susurró Ariana. Me dio un rápido beso en la cabeza y se lanzó al suelo.
Su oponente no esperó. En cuanto sonó el silbato, se abalanzó. Lanzó un puñetazo enorme, como una roca, pero Ariana cayó de bruces.