[Punto de vista de Aurora]Parpadeó ante la tenue luz; el mundo daba vueltas al abrir los ojos de golpe. El penetrante aroma terroso de las hierbas me picó en la nariz, haciéndome toser y atragantarme.Me incorporé de golpe, con el corazón latiendo con fuerza, observando la habitación desconocida. "¿Mabel?". Mi voz se quebró, débil y desesperada.Desde la puerta, la anciana Mariam dio un paso al frente; su túnica crujió suavemente. "Estás despierta", dijo con voz tranquila pero firme, cargando con el peso de quien ha visto demasiado.Me puse de pie de un salto, con las rodillas temblorosas, y los ojos escudriñando la habitación frenéticamente. "¿Dónde... dónde está Mabel? ¿Mi padre?". Las palabras salieron entrecortadas, entrecortadas, casi suplicantes. "¿Dónde están todos?".Me abrazó con fuerza, sus dedos apretándose contra los míos, sujetándome. "Hija mía", murmuró en voz baja, paciente. "Les pedí a los guardias que te trajeran aquí, de la reunión".Sus manos, cálidas y arrugadas p
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