[PUNTO DE VISTA DE SERAPHINA]
La chica que entraba al ring no era la destrozada y sollozante que habíamos desechado. Vestía un traje de cuero oscuro de entrenamiento que ceñía un cuerpo fuerte y esbelto. Llevaba el pelo recogido y se movía con una confianza silenciosa y letal que transformó los murmullos de la multitud en un rugido sordo.
Era ella. Mi hermana. La mocosa sin lobo a la que habíamos traicionado. La que se creía la reina del mundo hasta que le corté las alas.
—Imposible —sise