[Punto de vista de Aurora]
El silencio de la mazmorra era denso, como una manta gruesa. Me acurrucé en un rincón, con las rodillas apretadas contra el pecho, intentando contener el castañeteo de mis dientes. Cada arañazo de rata o gota de agua me sobresaltaba.
Entonces, lo oí.
El pesado golpe de unas botas. No era la marcha rítmica de los guardias, sino una zancada lenta y pausada que hacía que el aire del pasillo se sintiera presionado. Mi corazón se detuvo. Conocía esos pasos.
La puerta de hie