La carga de trabajo acumulada me llevó a acordar una reunión con Joseph Muñiz, el investigador del accidente, a la hora del desayuno para no afectar mi agenda laboral. Camino al encuentro, miré el celular una vez más: aún no había respuesta de Firenze.
Al llegar, una voz familiar me sacó de mis pensamientos.
—¡Anthony Walker! El mismísimo Anthony Walker. Me parece increíble esta coincidencia.
Me giré hacia él y, entre el barullo del restaurante y el amanecer de la ciudad, el rostro de Joseph en