Llegando a la oficina, revisé mi celular buscando, en vano, una respuesta de Firenze. El vacío de su nombre en la pantalla me inquietaba. Hice el recorrido por la empresa junto a Joseph, pero en medio de nuestra caminata, noté la ausencia de Firenze en su escritorio.
—¿Siempre tan activa? —comentó Joseph, mirando el espacio vacío.
—Supongo —respondí con desinterés, aunque por dentro intentaba justificar aquella ausencia.
En la sala de reuniones, me encontré con Adam y le comenté la posibil