La mañana de mi cumpleaños comenzó como cualquier otra. En la empresa, los saludos se sucedían con la formalidad de siempre. Nunca me había interesado celebrar ese día con demasiado entusiasmo. Pero al abrir la puerta de mi oficina, me encontré con Firenze sosteniendo a Noah en brazos.
—Feliz cumpleaños, Tony —dijo con una sonrisa tímida.
Noah extendió sus manitos hacia mí, balbuceando algo inentendible. Me acerqué y lo tomé en brazos. Su calor, su olor, todo en él era una confirmación de que, a