Mi asistente consiguió cupo en el vuelo más cercano, así que fui directo al aeropuerto sin pasar por casa, sin hacer maleta ni llevar nada para Noah. El vuelo fue corto, pero la angustia lo hizo parecer interminable.
Apenas aterricé, salí con tanta prisa que la gente a mi alrededor notó mi urgencia y se hizo a un lado para dejarme avanzar. Tomé un taxi directo a la clínica, que por suerte estaba a solo quince minutos. Me dirigí a emergencias, donde me informaron que Firenze ya se encontraba en