20. Control de daños

El resto del día fue un completo desastre. Intenté concentrarme en los pendientes, pero mi mente no dejaba de divagar, atrapada en la posibilidad de que Firenze hubiera visto esas malditas fotos. ¿Qué pensaría de mí ahora? ¿Creería que todo lo nuestro no era más que un juego para mí?

Cada vez que me cruzaba con alguien, sentía las miradas inquisitivas, como si todos conocieran una verdad que yo no podía controlar. Las palabras de Joseph resonaban como un tambor implacable: “Muy tarde”

Inten
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