En el pasillo, Isabella clavó las uñas en sus palmas y regresó furiosa a su habitación, donde empezó a llamar frenéticamente a Marisela.
Pero sin importar cuántas veces marcara, solo escuchaba la voz automática, y sus mensajes quedaban sin respuesta. Estaba a punto de enloquecer de rabia.
En el dormitorio principal...
Lorenzo se duchó con expresión sombría y volvió a llamar a Aurelio para preguntar si había algún avance. Al recibir la misma respuesta negativa, arrojó el teléfono con frustración.