—Lo siento, Isa. Me dejé llevar por un momento...
Isabella miró las marcas rojas en su brazo y fingió desconocer la situación:
—¿Qué ha ocurrido exactamente?
Lorenzo se sentó en el sofá con la cabeza gacha, envuelto en una nube de abatimiento, y murmuró:
—Marisela... se ha ido.
—Mari está en el hospital. ¿Todavía estás bajo los efectos del alcohol del mediodía? —respondió Isabella.
—No, no está en el hospital. La enfermera dijo que firmó el alta ayer por la mañana... —dijo Lorenzo con voz distan