—Gregorio, Silvana, buenos días —saludó Lorenzo con una inclinación de cabeza.
Gregorio y Silvana observaron al joven frente a ellos y casi instantáneamente comprendieron por qué su hija lo había amado hasta la locura.
Tenía una apariencia atractiva, era elegante y refinado, de estatura imponente y con un temperamento extraordinario.
Pero precisamente él era un canalla que había abandonado sin piedad a Isabella.
Esto era algo que Gregorio y Silvana naturalmente no podían tolerar, pero por respet