—Tal vez la señorita Undurraga se descorazonó, acumuló demasiada desilusión en estos dos años, así que después ya no tenía sentido decirlo —suspiró el mayordomo.
Eduardo apretó los labios, pensando en que Marisela ahora solo quería alejarse completamente de Lorenzo, suspiró.
Él ya había pasado por eso, podía entender un poco.
—Marisela fue lastimada por Lorenzo en esos dos años cuando más lo amaba, se divorciaron, se descorazonó, pero ahora se convirtió en cuando Lorenzo más la ama...
—¿No puede haber ni una historia de amor fluida en la familia Cárdenas? Tanto enredo y tormento...
Pero ahora los hechos ya estaban definidos, ¿de qué serviría decir más? ¿Podrían volver al pasado? ¿Podrían actuar como si el daño de Lorenzo a Marisela nunca hubiera ocurrido?
Era demasiado tarde, todo era demasiado tarde, los dos estaban destinados a la tragedia, y nunca podrían reparar y sanar.
—No le digas esto a Lorenzo —le encargó Eduardo.
—Si se entera, la confianza que con tanto trabajo logré quebrar