—Ya le dije, dice que no viene —respondió Ulises.
—¿No le dijiste nada más verdad? Solo es para almorzar, puede ir al hospital en la tarde —dijo Leonora.
—Se lo dije, pero cuando escuchó que era para una cita a ciegas menos quiso venir —comentó Ulises con indiferencia.
Leonora ya no sabía qué hacer con estos dos hijos, así que decidió llamar personalmente a su hija para hacerla regresar.
Justo cuando sacó el teléfono, se escuchó el sonido de un auto afuera y los empleados de la villa ya habían a