Al oír estas palabras, la expresión de entusiasmo de Lorenzo fue disminuyendo gradualmente. Apretó los labios y permaneció en silencio unos segundos antes de fruncir el ceño:
—No la estoy contentando, y menos aún hay sentimientos.
—¿Pero no es el collar un regalo para ella? —preguntó Isabella apretando los dientes.
Lorenzo volvió a guardar silencio, esta vez durante más tiempo.
No supo cuántos minutos pasaron hasta que finalmente dijo con incomodidad:
—Lo compro para compensarla en tu nombre, no