Al regresar a casa con Isabella, Lorenzo se encontró con Marisela ya ocupada en la cocina.
Se acercó a ella, mirándola cocinar y robando un trozo de carne guisada, ambos casi pegados.
Desde la puerta, Isabella observaba la escena con tanta rabia que parecía a punto de romperse los dientes. No sabía si era su imaginación, pero sentía que desde el regreso de Marisela, Lorenzo se había vuelto más cercano a ella de forma imperceptible.
—Mari, ¿qué estás cocinando? ¡Huele tan bien! —dijo con una sonr