—Pero yo te estoy invitando... —dijo Marisela.
—Tú me invitas, yo pago, estas dos cosas no tienen conflicto —la miró Ulises.
Marisela no sabía qué decir.
¿Se podía hacer así? Pero ¿en qué se diferenciaba esto de no haberlo invitado?
—Yo siento que...
Marisela iba a seguir hablando, pero Celeste ya había tomado su brazo y la arrastraba hacia afuera, diciendo al mismo tiempo:
—Vámonos Marisela, quiero comprar bolsos, ¿me acompañas de compras?
Marisela fue arrastrada, pero no olvidó voltear a ver a