—¿Cómo la ofendiste? Cuéntame, te ayudo a analizar y resolver.
Ulises siguió sin hablar, terminó de ordenar y llamó al mesero.
—Oye, ¿por qué te haces el mudo? Conmigo no hay nada que no puedas decir —Germán seguía insistiendo.
—Ah, a menos que tengas cargo de conciencia y no te atreves a decir.
Ulises suspiró.
Tal vez era mejor no comer, lo iban a dejar sin secretos.
—¿No tienes hambre? —Ulises levantó la cabeza para preguntar.
—Tengo, toda la mañana estuve discutiendo con la gente —le respondi