—Abuelo, reconozco mi error. Te prometo que me disculparé sinceramente con Marisela. Por favor, no presentes los documentos de divorcio —suplicó Lorenzo.Eduardo guardó silencio por un momento. Marisela había firmado voluntariamente y se había marchado con determinación, lo que indicaba que ella realmente quería el divorcio. Finalmente respondió:
—No importa si querías firmar o no. Las cosas ya están decididas. Deja de insistir.
—¡No, abuelo, no puedes hacerme esto! —exclamó Lorenzo desesperado.