En la cocina, Celeste se dio la vuelta para sacar un tazón. De repente, vio a Lorenzo que se paró no muy lejos de ella. Se dio un sobresalto al verlo.
—Jefe, ¿ya terminaste tu trabajo? —preguntó ella dejando de lado la cuchara.
Un poco apenada, alisó un poco el dobladillo de la camisa. Le explicó:
—Es que se ensució mi falda y tuve que usar tu ropa...
Aunque no era la primera vez que usaba su ropa, Celeste aún se sentía un poco incómoda. Por más que jalara del dobladillo, apenas le cubría hasta