—¡Ah!
Lorenzo, con su tremenda fuerza, hizo que Celeste soltara un grito de dolor, perdiendo todo el color en su rostro.
Sintió como si el hueso de su hombro se hubiera roto.
Por un instante, Lorenzo la sostuvo por los delgados hombros, casi como si fuera a abrazarla. Pero al ver a Jacob tirado en el suelo, ensangrentado, sus movimientos se detuvieron en seco.
¿Le dolía tanto verlo herido que prefería recibir los golpes por él?
Celeste, normalmente tan sensible al dolor, ahora parecía ignorarlo