—¿Una vida perdida y tú crees que estamos a mano? —La voz de Celeste era un eco de dolor y resentimiento.
No solo Margarita había pagado el precio de ese engaño. Jacob había perdido un ojo, y Celeste había estado en peligro una y otra vez.
Durante todo ese tiempo, había creído que Isabella era la única culpable, ¡pero ahora se daba cuenta de que todo había comenzado con Manuel!
Aunque nunca lo llamó «papá», en el fondo lo había considerado como uno, confiando plenamente en él.
¡Y ahora, se daba