Lorenzo aún estaba encima de ella, era tan pesado.
Al ver que el hombre no se movía, Celeste sintió cada vez más que le faltaba el aire, así que levantó su mano y empujó débilmente el hombro del hombre.
—Lorenzo, suéltame ya...
Lorenzo la miró fijamente con sus ojos profundos, y su mirada pasó de la alegría inicial al frío, luego apretó los delgados labios.
Un frío invisible se acumulaba a su alrededor, y en el silencioso ambiente se gestaba una tormenta.
Celeste claramente sintió el cambio en