Después de reflexionar un momento, Celeste no encontró ninguna pista clara. Se sentía mareada y decidió dejar de darle vueltas al asunto.
—Señorita, aquí tiene una bata de hospital. Se sentirá más cómoda si se la pone —dijo amablemente la enfermera mientras le entregaba una bata holgada—. ¿Necesita ayuda para ponérsela?
Celeste notó que todos aquí parecían tratarla con amabilidad, probablemente debido a Lorenzo.
—Gracias, no necesito ayuda. Puedo hacerlo sola —respondió Celeste de manera cortés.