Sus muñecas ya estaban tan gravemente heridas, ¿cómo era posible que no doliera?
Melodía ya echaba humo por las orejas de ira:
—¿Lorenzo te maltrata? ¿Quién se cree que es para tratarte así? ¡Voy a ir a buscarlo! Enrique, ¡ve a su villa!
—¡No puedes hacerlo! —Celeste se apresuró a detenerla.
La hermosa carita de Melodía ya ardía de furia:
—Celeste, no le tengas miedo, ¡estoy aquí y no permitiré que te haga daño!
—¡Cálmate primero!
Enrique no se atrevía a dejarla que causara problemas a Lorenzo