Celeste se negó con la cabeza:
—Mejor regresa tú primero, yo me quedaré aquí esperando a que termine la operación.
Ella se rehusó a irse, y Lorenzo frunció el ceño. De pronto, la levantó en brazos y, con pasos largos, caminó hacia el elevador directamente.
—¡Ah!
Celeste se asustó y agarró con fuerza la ropa de sus hombros, mirándolo atónita:
—¿Qué haces? ¡Tengo que esperar a que el tío Manuel termine la operación! ¡Bájame!
Lorenzo la cargó dentro del elevador, mirándola con frialdad desde arrib