Un coche lujoso y llamativo se detuvo frente a ella.
Celeste se quedó sin palabras…
Se abrió la puerta del auto y primero vio la pierna larga del hombre, luego la figura salió por completo del vehículo.
Él se había quitado la chaqueta, quedando sólo con unos pantalones de vestir negros y una camisa blanca. Su agraciado semblante era impecable y su porte emanaba una gélida austeridad, intimidando a cualquiera que lo mirara.
—Señor Vargas, le hemos encontrado a esta señorita —dijo el oficial de po