La puerta se abrió y Rodrigo apareció allí, apoyado en el marco, con esa confianza natural que siempre me desarmaba.
—Yo también quiero una ducha —dijo, con una chispa de travesura en los ojos.
Sentí que el calor me subía a las mejillas al instante. Instintivamente, intenté cubrirme con las manos, presa de una timidez repentina que no tenía sentido después de la noche anterior.
—Rodrigo... yo... , balbuceé, sintiéndome como una adolescente.
Él soltó una carcajada baja, un sonido c