Me sentí con un nudo en la garganta, sin saber qué decir. Me di la vuelta para irme, pero antes de salir de la oficina, me detuve y me volví hacia él. "Gracias, Rodrigo", dije, sonriendo. "Por todo".
Rodrigo me miró, y por un momento, pensé que iba a decir algo. Pero en lugar de eso, asintió con la cabeza y volvió a su trabajo, su espalda recta y su cabeza baja. "Me sentí un poco triste, pero sabía que era necesario dejarlo ir por mi bien".
Salí de la oficina de Rodrigo con la