Se detuvo en la puerta, se volvió hacia mí. Su rostro estaba lleno de decepción. "Alexandra, ¿por qué?" preguntó, su voz baja y herida.
Me detuve frente a él, intentando encontrar las palabras adecuadas. "Papá, yo... yo no sé", dije, mi voz quebrada.
Mi padre me miró con escepticismo. "¿No sabes? Te están humillando en el trabajo y tú te quedas aquí, aguantando. ¿Por qué, Alexandra? ¿Por qué no te defiendes?"
La pregunta me golpeó como un puñetazo en el estómago. Me sentí p