Me sentí como un cobarde, incapaz de decirle lo que realmente sentía. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué no podía ser honesto con ella?
Me levanté de mi silla y me acerqué a la ventana, mirando hacia afuera sin ver realmente. La ciudad se movía debajo de mí, indiferente a mi sufrimiento. ¿Qué iba a hacer? ¿Cómo iba a arreglar las cosas con Alexandra? ¿Y qué iba a hacer con Regina?
La respuesta no estaba clara, pero sabía que tenía que hacer algo. No podía seguir así, obligado a casarme con una mujer