( Rodrigo)
El sonido de los tacones de Alexandra alejándose golpeó el suelo del reservado con una finalidad que me heló la sangre. Ver su espalda, esos hombros que temblaban por un llanto que yo mismo había provocado, fue como si alguien me arrancara el aire de los pulmones de un solo golpe. Durante tres años, alimenté mi alma con el veneno del rencor, convenciéndome de que su huida justificaba mi crueldad. Pero verla romperse así, justo cuando una chispa de esperanza había brillado entre noso